Pumba Burger
Un local de smash burgers donde todo el pedido entraba por teléfono, que es el peor sitio posible para pedir: se canta la comanda a gritos con la plancha de fondo, se apunta mal, y lo que llega mientras comunica se pierde. Construimos una web donde el cliente monta el pedido navegando la carta y lo cierra con un código de tres caracteres. Llama, lo dice, y quien coge el teléfono ya tiene la comanda entera en pantalla.
- Cliente
- Pumba Burger
- Sector
- Restaurante de smash burgers
- Servicios
- Diseño UX/UI, desarrollo web, dirección de arte
- Duración
- 6 semanas
- Stack técnico
- Next.js + Tailwind + Vercel
Resultados cuantificables.
0 s
La llamada dura diez segundos
El pedido viene montado desde la web. Quien llama solo dice tres caracteres y quien contesta lo abre en pantalla, entero.
+0%
Más pedidos fuera de la hora punta
La carta se puede mirar con calma a cualquier hora, así que dejan de perderse los pedidos que antes no entraban porque el teléfono comunicaba.
0 errores
Se acabó el «¿sin cebolla o sin pepinillo?»
El punto de la carne, los extras y lo que se quita van escritos en el pedido, no cantados por encima del ruido de la plancha.
Del problema a la web publicada.
Pulsa cada fase para ver el detalle.
Diagnóstico del problema
El teléfono era el único mostrador, y un mostrador no puede ser algo que comunica. El problema no era la falta de hambre: era que pedir obligaba a hablar, y hablar con una plancha detrás significa repetir, apuntar mal y colgar sin saber si el pedido era el que se había pedido. Antes de dibujar nada quedó decidido lo que manda sobre todo lo demás: la web no iba a ser un folleto con la carta puesta, iba a ser el mostrador.
- Inicio
- Carta
- Personaliza
- Código
PRENSADA
Títulos: Archivo Black
Cuerpo: Nunito

- Pedir con una mano, en móvil, en menos de un minuto
- Sin registro, sin app y sin pagar por adelantado
- Que la foto de la comida sea la estructura, no el adorno
Cuatro pantallas, y todas empujan al pedido
Cada pantalla tiene que acercar al pedido o sobra. Se quedaron cuatro —portada, carta, ficha de producto y código— y se validaron como recorrido antes de elegir un solo color: mirar, elegir, ajustar, cerrar. El botón de pedir lleva siempre a la carta y nunca al carrito, porque pedir es elegir y quien entra por primera vez aterrizaría en una pantalla vacía. A la izquierda, el boceto; a la derecha, lo que se publicó.

01 / 04·Inicio
Blanco y negro, para que el color lo ponga la comida
Negro, blanco y cuatro grises: ni una gota de color de marca en toda la interfaz. La consecuencia es la que manda sobre el resto de decisiones — si nada más tiene color, la foto de la burger es lo único que lo tiene, así que deja de ser decoración y pasa a ser la estructura de la página. Todo va cuadrado, sin una sola esquina redondeada, los titulares mezclan letra maciza con letra de contorno, y el botón de pedir gana por inversión: un bloque blanco sólido sobre negro. Por eso no puede haber tres cosas blancas alrededor.
El pedido sobrevive a cerrar el navegador
Lo que se lleva montado se guarda en el propio móvil, así que una llamada entrante, un refresco o salir a mirar dónde está el local no borran nada. El código se reserva veinte minutos y el tiempo que queda se calcula contra la hora real, no contra un contador que va restando por detrás: por eso volver media hora después da la cuenta correcta en vez de un reloj parado. Y las doce fotos de la carta, que es lo único que pesa de verdad aquí, se sirven en el tamaño exacto que pide cada pantalla.
- 100Rendimiento
- 98Accesibilidad
- 100Buenas prácticas
- 100SEO
- Next.js
- Tailwind CSS
- Motion
- Vercel
01 / 04·Diagnóstico
«Antes cogía el teléfono con una mano y la espátula con la otra. Ahora me dicen tres caracteres y el pedido entero ya está en la pantalla.»
Tu carta no cabe en una llamada de teléfono.
Pedir por teléfono en hora punta es el cuello de botella más caro de un local pequeño: uno de la casa deja la plancha para coger la llamada, el cliente canta la comanda por encima del ruido, y todo lo que entra mientras tanto se pierde porque comunica. Las plataformas de reparto lo resuelven, sí, a cambio de una comisión por pedido y de quedarse ellas con el cliente.
Una web propia para un restaurante de hamburguesas hace tres cosas a la vez: enseña la carta con las fotos que venden, deja montar el pedido con sus extras y sus alérgenos sin que nadie tenga que dictarlos, y lo cierra sin intermediario. El pedido llega escrito, el cliente es tuyo y la comisión no existe.
Diseño, desarrollo y rendimiento los llevamos nosotros, sin subcontratar nada, y la web se publica en semanas y no en meses.